Son pocas las ocasiones en que uno pueda ver a un monje budista montando un monopatín, practicando el salto de cuerda o manipulando sables de luz. Pero aquellos que viven en las sanghas japonesas se han lanzado en los últimos días a publicar en las redes sociales sus logros en esa clase actividades para mostrar su solidaridad con uno de ellos, residenciado en la prefectura de Fukui.
En septiembre pasado, el hombre en cuestión fue multado por la Policía de tráfico por conducir un coche mientras llevaba puesta su toga, una vestimenta que es tradicional para los monjes budistas pero que, según decidieron los agentes, restringe la movilidad cuando la persona está al volante.
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