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A principios de abril, Karol Zwolinski dejó su Ford Focus RS en un concesionario de esa marca en la villa de Oak Lawn (Illinois, EE.UU)., para que –por solicitud de la propia empresa– le fuera remplazada una junta de culata. Antes de despedirse de su auto por algún tiempo, el hombre, por si acaso, instaló una cámara de tablero que registraría cualquier abuso que pudiese sufrir el coche durante los trabajos de reparación. Y la medida no fue en vano.
Según informa el portal Jalopnik, después de recoger su auto y revisar el material grabado por la cámara, Zwolinski descubrió que su vehículo había sido utilizado para enseñarle a un empleado del servicio del concesionario a operar la transmisión manual.
